Sunday, April 19, 2020

Alemao que no

Quien sabe de qué es esta frase se puede reconocer como un futbolero. La frase es del 24 de junio de 1990. En Turín, Italia, se enfrentaban, en un partido por octavos de final de la Copa del Mundo, Argentina y Brasil.
Argentina venía de ser campeón en el último mundial, pero estaba muy lejos de ser aquel equipo. Había clasificado de casualidad y sufriendo a la segunda rueda jugando un fútbol horrendo. Brasil en cambio era el equipo sensación y eso iba a quedar plasmado en el juego durante todo el partido. Los brasileros nos pegaron un baile infernal y no pudieron hacernos ningún gol por la suerte de los palos y porque en el arco estaba Sergio Goycochea.
Llegando al final del partido Maradona, con una lesión en el tobillo, recibe la pelota en mitad de cancha. Se saca de encima a Alemao, compañero suyo en el Napoli. Después a otro brasilero y ya cayéndose le pone un pase filtrado entre Ricardo Rocha y algún otro defensor a la diagonal que trazaba Claudio Caniggia. Éste recibe, amaga a patear, y lo deja al arquero Claudio Taffarel en el piso para definir con el arco vacío y poner el 1 a 0. Momento épico en la historia del fútbol argentino.
La frase: “Alemao que no”, la dice el periodista argentino Lázaro Silverman, más conocido como Marcelo Araujo mientras relata el avance de Maradona con la pelota. ¿Qué habrá querido decir? ¿Que no lo marcó a Maradona? ¿Qué no quiso pegarle porque era su amigo como se dijo tiempo después? O quizás, ¿que no pudo frenarlo porque el otro era el mejor jugador de todos los tiempos?
Si, vamos a ser honestos. Si hablamos de fútbol me confieso Maradoniano a ultranza.
No sabemos que es realmente lo que quiso decir, pero quedó grabada en los discos rígidos de cada futbolero de esa época.
Yo para ese entonces tenía cuatro años y me quedaron algunos recuerdos de ese mundial. No exactamente de ese partido, pero si me acuerdo que durante toda la semana repetían el gol y yo se lo festejaba a Cármen, la empleada doméstica brasilera que trabajaba en mi casa. Entonces, ¿Por qué quedó tan grabado en mi memoria si yo sólo tenía cuatro años?
Porque yo no tuve una infancia normal, yo tenía una enfermedad, me diagnosticaron como un enfermito futbolero. Durante esos años me la iba a pasar mirando partidos y videos VHS de fútbol. Mi preferido era Héroes 2, la película documental del mundial de 1990. Me acuerdo todos los sucesos, relatos y hasta música de ese video. Yo no miraba superhéroes porque ya tenía a los míos. ¿Para qué quería a los Batman, Superman y unos japoneses, que nunca supe ni los nombres y aparecieron en esa época, si yo tenía a Claudio Paul Caniggia, nacido en Henderson, Provincia de Buenos Aires? No pude entender jamás, como les gustaba ver dibujitos y no La Historia de los Mundiales que tenía a México 70. ¿Cómo es que jugaban a videojuegos y no veían La Racha de Boca o los campeonatos del 91 y 92 con Bati, Latorre y el Manteca Martínez?
Mi infancia está claramente marcada por esa enfermedad que tuve y si bien la pude superar, dejó huellas imborrables en mi personalidad y principalmente en mis analogías a la hora de contar cualquier historia.
Esa película que me iba a causar esa enfermedad tuvo otro efecto secundario: Con sus frases explicativas del lugar de nacimiento de cada jugador me iba a transformar en un erudito en geografía. Sergio Javier Goycochea, nacido en Lima. Provincia de Buenos Aires. ¿Cómo no me iba a interesar donde estaba Lima si de ahí había salido mi superhéroe?
Nunca entendí bien, pero en el fútbol argentino los periodistas y relatores tienen una fascinación por el lugar de nacimiento de cada jugador. Como si al nombrar al deportista ilustre salido de un pueblo de diez mil habitantes se le rinde algún tipo de homenaje a la localidad. A mí eso siempre me llamó la atención y tengo el registro de todas las localidades donde nació algún jugador e incluso cuando voy por una ruta argentina, leo el nombre de algún pueblo y me sale desde adentro: Zárate: Bochini o Empalme Villa Constitución: Abel Balbo.
Esa enfermedad que me causó Heroes 2, dejó tanto en mí que aún hoy, cuando tengo que tomar algún tipo de decisión urgente en mi vida, pienso en el final del relato de Araujo que le señala a Caniggia que era el momento indicado con un “Caniggia ahora o nunca” y yo espero que esa decisión mía termine como aquel gol argentino.



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